Pestañas

20 febrero 2006

Bienvenidos al show

Pues sí. No pensé que caería tan bajo, pero al final, tras años de vivir del cuento y hacer como que trabajaba de sol a sol, ahora tengo que hacerlo porque estoy obligado contractualmente, no porque me plazca. Eso me tiene algo agobiado, he perdido libertad.

Total, que esta mañana me estrené en el delicioso mundo del trabajo remunerado. Es una entrada por la puerta de atrás, pero bueno; no me puedo librar de seguir estudiando, ni tampoco me puede ver favorecido por fines de semana disponibles y cosas así, soy un pringao.

Esta mañana fui al Metro como un currele más: vi cómo se las gastan en la capital. Todo el mundo fostiao en los 50 metros previos a la boca de metro. Una masa ingente de personas corriendo en más o menos la misma dirección. En las escaleras mecánicas, todos a la derecha para que los rápidos más acelerados adelanten por la izquierda, disciplina total. Metro hasta la bandera, ni hay donde agarrarse. Todos con sus MP3 en las orejas y los ojos clavados en el periódico gratuito Metro. Nadie conoce a nadie. Todos corren, todos acelerados, todos a distancias enormes de sus lugares de trabajo. Algunos duermen con los ojos abiertos.

Nos levantamos a las 6:10 a.m. para que yo llegase a las 8:30 holgado, sin problemas. Llegué sudando porque eran las 8:28 y yo dando vueltas alrededor de la Delegación Especial de Hacienda, llamando hasta en 3 puertas a otros tantos seguratas que me iban mandando a la siguiente... o a la anterior, claro que en este caso les rectificaba yo. Al final es un edificio distinto, justo al lado y enfrente de la Dirección General de la Guardia Civil, flanqueada por tres números con sus tricornios brillantes, amén de otras dotaciones a lo largo de la calle, algunos con chaleco antibalas.

En el descanso salí a dotocopiar mi DNI. Lo logré; me tomé un pincho de tortilla con una tónica: 3´60 € por el ágape, como para pagarse uno cada día. Lo pagué sin propina mientras un bicho con apariencia de pequeña cucaracha blanquecina se paseaba por la urna de los pinchos, que no tenía puerta.

Volví. Pasó el día rápido porque era el primero, pero estuvimos sin descanso de 8:30 a 15:00; las piernas me llevaron hasta el Metro. El Metro me llevó al autobús interurbano. De nuevo las piernas me llevaron de éste hasta casa. Y en ésta el reloj marcaba las 16:30 cuando dejé el abrigo en el sofá, sin colgarlo porque no hay personas mayores en casa.

Live to work, work to live. Menos mal que pillé turno de tarde, porque así iba a estudiar Rita the singer.

No sé si estudiar todo el día es mejor o no. Tengo que observarlo.

Bicos.

4 comentarios:

Josi dijo...

Ya ya, madrugón, bus, metro, tentenpié a precio de caviar, llegar a las mil ya reventado.... pero... como el trabajo ya sabemos que dignifica... ¿Cómo te sientes tú? Dignísimo, no? Si es que por eso es un derecho recogido en esta nuestra constitución.

Sailor dijo...

Derecho al trabajo, sí, pero el Estatuto de Autonomía de Galicia deice que los poderes públicos promoverán en el empleo en ella... Y más cerca de casa en la que uno viva.

Al menos esta mañana he descubierto la cafetería de la Delegación Especial, que por 1´20€ tengo derecho a desayuno. Esto es otra cosa.

Hoy hemos manejado la aplicación informática, un cursillo lamentable para un programa igualmente triste. Pero bueno, si nos enseñan sólo eso, será su problama si tenemos que enfrentarnos al trabajo así.

Ya os diré qué tenéis que solicitar, que creo que hay para todos.

¡Bicos!

Anónimo dijo...

hombre, toda esta vida robotizada tiene su punto. El desayuno 3€.... pero... ¿y lo buena que está la camarera? ¿y lo bueno de tomarse siempre el café en el mismo bar y que ya te lo tengan preparado cuando te vean entrar? Hasta en las grandes urbes pasa.

Y la felicidad inmensa de cruzar la puerta del aparcamiento de tu empresa dando gas a la Suzuki y pensando en alto "desde ahora mismo hasta mañana a las 7, el curro me chupa un huevo"; y largarte a la montaña a trepar con unas latas de birra fresquitas en la mochila. Estas cosas , sin trabajo, serían un sinsentido.

Necesitamos del frío para disfrutar el calor, no?

El trabajo dignifica lo que haces en tu tiempo libre.

Bicos

Sailor dijo...

Buena filosofía, irmanciño. Pero, en breve, mi tiempo libre postcurro será empleado en estudiar, gracias a la generosidad del Tribunal.

Si el trabajo dignifica la actividad del tiempo libre, y éste se emplea en trabajar, aunque no me paguen por ello, entonces no hay lugar para la dignificación. Eso es lo que realmente me agobia.

Bueno, no tener una Suzuki con la cual salir del trabajo también me toca los melindres...