Pestañas

21 mayo 2008

EL MEJICANO Y LA MOTOCICLETA

Guardamar, en su estilo complicado y a veces onírico, me ha concedido un regalo: un mejicano en motocicleta.

El viernes al anochecer recibí una llamada escueta, era Alfonso, el amigo de Javier, que estaba en Alicante y que venía a dormir.

[antecedentes: hace un par de semanas que mi jefe Javier comentó que un amigo que había conocido recorriendo América en moto estaba en España y que quizá se pasase por Guardamar, que ya me avisaría. Al final no me avisó]

No me hizo ilusión la llamada y la inesperada visita, yo iba de camino al gimnasio tras una semana tensa en el trabajo y con pocas ganas salir después. Le dije que podría quedarse en la oficina y Richie estuvo con él hasta me reuní con ellos a las 10 del a noche, después de ir a clase de spinning y darme una ducha rápida. Al fin y al cabo el tal Alfonso no tenía la culpa de que mi jefe no nos hubiese avisado.

La primera impresión, al llegar a la cafetería donde estaban, fue la de un motero polvoriento y oscuro; la segunda, tan pronto se puso en pie para saludarme, fue la de un gigante; la tercera, en cuanto abrió la boca para agradecer la bienvenida, fue la sorpresa de escuchar un acento mejicano; la cuarta, mientras nos mirábamos a los ojos, fue la profundidad de su mirada verdiazul.

Nos contó cómo había conocido a Javier-jefe en Alaska, ambos recorriendo el continente americano sobre dos ruedas. Javier empezaba la ruta, Alfonso iba ya de vuelta a Méjico. Fueron juntos hasta Canadá. Javier volvió unos meses más tarde y juntos recorrieron el norte de Méjico en moto. Ahora el mejicano está viajando por España; ha estado en Madrid, Uceda (Guadalajara), Barcelona y Comunidad Valenciana. Se marchó esta mañana rumbo al Cabo de Gata y Sierra Nevada, después vendrá Málaga, Marruecos, Portugal, Galicia y Navarra.

España le parece rica y limpia, cara y muy construida.

Manifestó su gusto por el pulpo gallego, así que el viernes porla noche le llevamos a la tapería de Galicia. El sábado comimos un arroz alicantino, como tiene que ser. Tras la comida se abrió el cielo, corrimos bajo la tormenta hasta el Shamrock, allí estuvimos hasta que escampó y finalmente decidimos ir a Torrevieja a ver tocar a Denis. Lo pasamos "padre".

El domingo se retiró discretamente y nos vimos otra vez el lunes. Hablamos mucho, Alfonso es educado, de "platicar" suave, con largas pausas y una capacidad de análisis certera que casi pasa desapercibida por su sencillez, tiene una visión fresca y en cierto modo "hippie" de la vida. Un placer, un lujo.

Ha dicho que nos veremos en Chihuahua, donde tendremos un "ranchito" y "carro" a nuestra disposición, además de tenerlo a él de guía que nos llevará a su ciudad natal, en el desierto de Sonora. Tentador.

Al despedirle esta mañana y verle alejarse en su motocicleta pude imaginármelo sentado a la puerta de su rancho en Chihuahua. ¿Es posible sentir nostalgia de lo que sólo se intuye?

3 comentarios:

Sailor dijo...

Qué historia más curiosa. Parece digno de un relato corto. ¿Qué moto tenía? Eso sí es un dato importante que falta, jejee...

La vida es curiosa: se le ocurre a uno la marcianada de recorrerse las américas en moto y se va a encontrar con un tipo que tuvo la misma ocurrencia... ¡hijo de la chingada! Si es que la vida es una constante aventura...

Curioso, sí...

Anónimo dijo...

Qué maravilla! Muy bien redactado, así da gusto, hombre....

Cuándo dices que empezamos a ahorrar para ir a Méjico?

Viva Zapata

Josi dijo...

Next stop: Méjico Norte. Empezamos a ahorrar ya. Me alegra que os haya gustado la historia en el fondo y en la forma.

La moto es una Yamaha de 850, roja, antigua y remendada por un amigo de Javier. Parece más de paseo que de carretera.

Os envío foto por email.

Salud y tequila!