No llevaba mucho dinero ni experiencia en países extranjeros, así que, aunque lo más sencillo habría sido comprarme unos al llegar allí, preferí pedirselos a Marcos, que, haciendo gala de su habitual generosidad, me dio los guantes que usaba Rober para ir en la Scooter Delta
Me fueron muy útiles. En mi primera etapa en aquella ciudad, me levantaba sobre las 6 de la mañana y hacía 15-20 minutos de bici hasta llegar al trabajo. Y claro, a esa hora, ¡¡Qué bien me venían los guantes!!
En mi segunda etapa irlandesa viviendo con Jos, coincidió que la casa estaba cerca del hotel, que compramos el coche y que llegó el verano, así que los guantes pasaron a un discreto segundo plano. No los perdí. Los guardé. Podría decir que le había cogido cariño.
Tanto fue así, que no se los devolví a su dueño a mi regreso.
Como decía al principio, de esto han pasado ya 10 años; y como viene siendo habitual desde que soy motorista, algún día de Octubre, empiezan las lluvias y tengo que dejar mis guantes de primavera para empezar a usar los guantes de invierno. Y desde que soy motorista, ya he tenido 3 pares de guantes de invierno, pero solo un par de primavera!!! Y es este:

A Marcos le sonarán.... eran los guantes de Rober, ahora son míooooooosss, mi tessssoro
Bicos
2 comentarios:
Supongo que tendríamos que llamarte cutre, que pedir unos guantes... y no devolverlos... Como se entere Roberto igual te canea, men.
Pero si Marquiños te guarda el secreto...
Qué bien se conservan, se nota que son buenos. Oye Marcos, a mí me vendría a bien un gorro, ja ja ja!
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