Pues me estrené el finde dándole un biberón a un niño, y fue nada menos que Martiño, claro, cuyos padres son los únicos que me confiarían tal tarea. Con miedo, y tal, me puse a ello...
y, bueno, todo iba bien. Como siempre, se quedó dormido...
Cuando de pronto, ¡cariño, he agrandado al niño...! (me refería a Martiño):
Moraleja: no me dejéis darle más biberones a niños, salvo que se desee su crecimiento exponencial.
3 comentarios:
Ja ja ja!! Qué boa secuencia, parece un bocoi!
JAJAJAJAJAJAJA
pero que has hexoooo!!!!!!
Fue para que se pareciese algo al abuelo percebes, jejeje...
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