Finalizado queda nuestro viaje a Suiza. El año pasado, por estas calendas, nos habíamos ido a Sur, a visitar Córdoba y Granada, con frío y un constipado febril importante tras llegar a Granada. Esta vez, nos fuimos al Norte, con más frío pero sin constipados.
Suiza es tan bonita y perfecta que le falta frescura. Hay lugareños hippies que afirman que han convertido Suiza en un enorme parque, donde hasta cada vaca está exactamente donde debe de estar, cada montaña con sus colores en cada sitio, el césped cortadito... Pues bien, si a eso le sumamos un manto de nieve la sensación se acrecenta.
La mejor forma de definir Suiza es la del crecimiento razonable. La historia nos habla de un país pequeño y montañoso que, pese a contar con muy pocos mimbres para un desarrollo importante, se supo especializar en aquello para lo que la orografía no era un obstáculo. Así, aparecieron industrias de cosas pequeñas como los relojes, los bancos y el maravilloso mundo del secreto bancario, pequeñas fábricas de chocolates o quesos... Todo ello emplazado a lo largo y ancho de este pequeño país que creció de forma sostenible.
Se nota su visión avanzada en cosas sencillas: la gente usa la bici para desplazarse pese al mal tiempo, uasn el tranvía o el autobús, dejando los coches para los que gustan de gastar dinero en aparcamientos, que son pocos. Los niños pueden ir andando al colegio desde muy pequeños y no pasa nada, nadie es denunciado a servicios sociales por abandono de su prole o dejación de sus deberes paternales.
Aquí vemos una excursión de casi 40 niños con 4 profesores nada más. De caminata por senderos, como son niños menores de 5 o 6 años llevan esa banda reflectante en forma de pico por delante y detrás para que se les vea y se les identifique como menores que deben ser cuidados por todos.
La foto está tomada desde el salón de casa, hasta ese sendero hay poca distancia y el único muro que nos separa son esos palitos con un par de alambres: nadie se para a mirar dentro de la casa y se peuden dejar cosas en la terraza sin temor, nosotros dejamos una bolsa de la compra de casi 100 € sin que la tía de Cris mostrase la más mínima preocupación. Los trasteros, más de lo mismo: se ve todo lo que hay dentro, pero no pasa nada, los límites no son tabiques sino tablas endebles para saber dónde termina cada uno, y da igual que lo que contenga sean 5 carritos de golf con sus correspondients palos o una generosa bodega, ni se plantean violar el espacio de otro, ni siquiera para curiosear...
Como curiosidad, en la parte alemana de Suiza es obligatorio construir en los bajos un refugio nuclear. Ahí se les va la pinza, sin duda, pero ahí está, en una casa nueva, con sus VC químicos y máquinas renovadoras de aire. Son la entrada a los trasteiros y siempre está abierto, cualquier cierra estas puertas rellenas de hormigón...
La comida es importante. Les encantan el queso, las salchichas y el chocolate. Aquí veis un plato con 6 tipos de salchicas distintas (cada cual pidió una y compartimos), acompañadas de dos platos nacionales, la ensalada de patatas y el "rösti", que viene a ser definido como una tortilla de patatas sin huevo, muy rico, intentaremos reproducirlo para que lo probéis. Son grandes y sabrosas, pero tienen un contenido calórico brutal. Pueden pedir por una salchica más un panecillo unos 5 € en Suiza y 3 € en Alemania, Suiza es brutal en precios, la gente se acerca a Alemania a comprar y los suizos controlan esas compras en la aduana, como habían los españoles con los que iban a comprar a Portugal.
En definitiva, todo muy bonito. Como pega, por decir algo, es que no nos mezclamos con ellos apenas porque siempre íbamos con un traductor. No me aprecieron muy amables, al menos los que están de cara al público. Los vecinos sí parecían amables e increíblemente bien conservados, pero los dependientes... pues no. Quizá no les gusten los españoles, no lo sé, nada es perfecto. Igual la pinta de marcianos que tenemos que llevar por momentos nos condicione a la hora de confraternizar...
Así que Suiza puede ser un buen lugar para ir a hacer turismo sencillo, que aporta cosas poco chocantes en primera instancia pero que rascando un poco, como siempre, uno se trae cosas que quedan en la retina. El viaje nos sirvió para volver descansados tras un año intenso.
¡Bicos!


2 comentarios:
Cómo me gustan los países fríos! En un programa sobre que Quebec decían que los niños salían al patio a no ser que estuviesen por debajo de los -20 grados!! En Guardamar si llueve, ha llovido, amenaza lluvia o hace frío (con estar a 8 ó 9 grados ya se considera frío) los niños no salen y se quedan en la clase con la calefacción a tope y la energía disparada. Martiño sale caiga quien caiga cada tarde, él no tiene problema aunque a mí me ha costado un buen enfriamiento.
Un país que adora el queso, las salchichas, el puré de patatas, la cerveza y el chocolate no puede ser malo. A veces ser tan civilizado asusta, recuerdo a Lou Reed comentar en una peli (Blue in the Face, creo) quele asustaban más esos países en los que te miran mal si no apagas el coche cuando el semáforo está rojo que vivir en Nueva York, je je.
Ya sé que no se debe generalizar, que hay cosas y gente buenas y malas en todas partes, pero a pesar de la contención y la falta de espontaneidad de un país como Suiza, lo prefiero a la cultura española. No sé si se puede tener sangre corriendo por la venas y a la vez ser solidario, respetuoso y civilizado, hasta que no lo vean estos ojitos, me quedo con lo suyo.
Oye, preciosas fotos, a ver si llegamos a probar algún queso o chocolate :-))
A nosotros nos quedó pendiente la entrada sobre Marocco, qué bien que alguien tira del blog en estos momentos de menos intensidad!
A mi también me atraen estos países fríos, quizá no me atraiga tanto que sean tan civilizados....... algo ocultan, seguro jejejeje De todas formas, la nieve es bonita en foto y eso, pero está muy fría!!!
Aiissss refugios nucleares...... qué tiempos!! Yo voy a empezar a construir uno bajo la escalera de casa. Lo llenaré de latas de atún y garrafas de vino tinto. Se avecinan tiempos difíciles y hay que estar preparado para sufrirlos con la máxima alegría posible.
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