Pestañas

29 mayo 2011

AHMED, UN CORAZÓN CONTRA EL ODIO

Así se llama el artículo que recomiendo, está aquí.

Quizá conozcáis ya el caso, resumiendo: soldados israelíes disparan a la cabeza y matan a un niño palestino de 12 años que jugaba en una plaza con una escopeta de juguete en la ciudad Palestina de Jenin. Lo llevan a un hospital israelí donde informan a sus padres que no se puede hacer nada por salvarlo, pero que sus órganos pueden salvar la vida de otros niños. Su padre, Ismael Khatib, dentro de la desolación busca el consejo de un líder espiritual que le confirma que el islam permite la donación de órganos post-portem. Ismael y su mujer acceden a la donación. Seis receptores se benefician de los cuales uno muere (un bebé de 8 meses), dos salen adelante pero quieren permanecer en el anonimato (una mujer y un adolescente) y otros tres niños también sobreviven y dan testimonio (dos árabes y un judío ultraortodoxo).

Bien. Ayer hubo un documental en la noche temática en La 2. Ya sé que da pereza porque es largo, pero merece la pena verlo en el ordenador, alquilarlo o comprarlo.

El documental es discreto, minimalista, la cámara es un testigo, no toma partido ni opina. Al cabo de unos meses Ismael quiere conocer a los receptores de los órganos de su hijo, en el documental se ven tres. La familia judía ultraortodoxa hace declaraciones muy duras en un principio (como que hubiesen preferido que el donante fuese judío, que nunca serían amigos de la familia del donante por ser árabes y que no quieren que sus hijos se mezclen con ellos). Acceden a recibir a Ismael y presentarle a su niña, en la que late el corazón de Ahmed, rubia, muy blanca y de ojos azules.

La ternura de Ismael hacia estos niños es infinita y lejos de dejarse comer por el odio funda una asociación para sacar a los niños de las calles y enseñarles la tolerancia y la paz. Dice que su hijo nació y vivió entre Intifadas y que no tuvo "ni un solo día bonito en su vida".

Es de una intensidad y profundidad que me dejaron impresionada y llorosa. Me fui a la cama pensando cómo es posible que se muestre tan claramente lo parecidos que somos (los mismos cuerpos, el mismo dolor) contrapuesto a la artificialidad (las fronteras, las creencias religiosas, lo prejuicios) y que no nos conmueva, en el sentido más literal de la palabra.. Cómo un palestino dona el corazón de su hijo a un judío es un misterio y un milagro de bondad; cómo un judío ultraortodoxo que ve a su hija devuelta a la vida gracias a él y no se vuelve loco replanteándose sus creencias y su odio es de una ceguera que explica el por qué de guerras y de otras muchas barbaridades como genocidios, terrorismo, etc.

Para distraerme leí un poco del Testamento Según Jesucristo de Saramago, curiosamente hablaba de Jesús pasando por al aldea de Jenin, de la manera de ser de un "campesino palestino" devenido en profeta. Me dormí pensando que si Jesús volviese y fuese de nuevo un campesino palestino sería como Ismael o como Ahmed, dando vida con su cuerpo y sangre, tomad y bebed todos de él ¿verdad?

Eso, tenía que sacarlo de dentro porque aún esta mañana sigo dándoles vueltas, mirando a Martiño, pensando en si le donaría su corazón a un etarra que me hace la vida imposible, o si me importaría que ese corazón etarra o gitano o rumano o negro o yo qué sé le salvase la vida. Sí a lo primero y no a lo segundo. Eso creo, en frío. Espero qeu nunca llegue a tener que planteármelo.

3 comentarios:

El Masajista Motorista dijo...

Qué profundidad de contenidos!! Voy a quitarme las "langañas" y luego lo vuelvo a leer

Supernova dijo...

Carai, pues no sabía de la noticia, la verdad.
Impresionante la generosidad de Ismael, y deseperante la ceguera del ultraortodoxo.

Vimos no hace mucho un "Españoles por el culo", como le gusta llamarlo a Iago, o algo parecido, en el que entrevistaban a diferentes personas que alli vivían, en Israel; nos enseñaban de lo sitios sagrados, los ritos que hay para cada cosa, las costumbres que son ley, ya...

Me pareció surrealista que un país moderno viva sometido a tantos ritos justificados por el peso de la historia. Qué sinvivir! Pero si esas cosas pasaron hace miles de años! Porqué le dan tanta importancia??
Que le metan una bomba al sitio (desalojado de gente, eh, plis, no me creais sanguinaria...), que no quede ni una piedra de mierda, ya, que son piedras de mierda, ostia!, y a ver si así consiguen hacer vida normal.

Sobre qué haría una si tuviera ante sí el dilema de darle un órgano del hijo muerto al enemigo, no puede racionalizarse: se hace y basta.
Porque lo que cura, cura; y lo que mata, mata.
Si entramos en matices, nos volvemos grises, opacos, muertos vivientes.

Pero sí, mejor nunca vernos en tal tesitura, porque ese acto de generosidad de Ismael te tiene que desgarrar por dentro tanto que te convierta en otra persona. Y eso duele. Y aterra.

Me voy al banco!!

Sailor dijo...

Supongo que es básico no saber quién será el receptor de los órganos. De lo contrario, ¿quién puede asegurar que donaríamos los órganos de nuestros seres queridos a favor de nuestros enemigos? Yo no pondría la mano en el fuego por mí, supongo que pensaría que si sufro yo, que también sufran "los malos".
Quizá pasado el momento, viéndolo ya con distanciamiento, uno pueda hacer como este hombre. Es un poco el mundo al revés: el padre del donante debería ser el resentido y, el padre del receptor, el que se diese cuenta de lo estúpido de las guerras.
Complejo...