Pues aunque ya estamos de vuelta, termino la crónica antes de que se me olviden los detalles.
Para que no se diga que hemos estado en Venecia y no hemos visto nada, después de desayunar el Domingo compramos unas entradas para ver el Palazzo Ducale Lo más destacable es la Sala del Consejo Mayor, órgano formado por miembros de todas las familias nobles venecianas. Entre 1200 y 2000 miembros que se reunían semanalmente con el Dux para defender sus intereses y controlar que a este no se le fuera la mano en asuntos de poder. La sala es imponente. En unidades internacionales, mide 1/2 CDF (campos de fútbol) y es la habitación más grande de Europa sin columnas interiores. Tras la cabeza del asiento del Dux está El Paraíso de Tintoretto, que (dicen) es el lienzo más grande del mundo.
En la Plaza S. Marco está el Museo Correr, que es el museo municipal de Venecia. Estaba incluido en la entrada del Palazzo Ducale. No soy mucho de museos, así que para mí es prescindible, al menos en una primera visita a la ciudad. La Wikipedia lo explica mejor que yo "El museo tiene un fondo de arte, documentos, objetos antiguos y mapas que reflejan la historia y la vida cotidiana de Venecia a lo largo de los siglos. El Ala Napoleónica tiene una suntuosa decoración neoclásica y alberga una notable colección de obras de Antonio Canova"
Tras esta visita, seguimos a lo nuestro....... vaporetto hasta Rialto y nos hacía ilusión lo de la góndola y nos subimos en una. Pero de las baratas. El Gran Canal solo tiene 4 puentes (el último, de Calatrava, está recién estrenado) así que los lugareños que quieren ir de una orilla a la otra tienen tres opciones: esperar un vaporetto que alterna paradas a uno y otro lado, caminar hasta el puente más cercano o la opción más rápida, que son los traghettos. Góndolas que van continuamente cruzando. Cuesta 0,50€ y tarda 1 minuto. No es un lujazo, pero podemos decir que hemos estado en Venecia y hemos ido en góndola jejejejeje
Nos dio la hora del Spritz caminando hacia el gueto judío. Siguiendo nuestro instinto, nos sentamos en una terracita de una fondamenta (este es el nombre de las calles que tienen canal y acera) Mientras disfrutábamos de nuestras bebidas nos fijamos que iban poniendo cartelitos en las mesas con la hora a la que estaban reservada, el número de comensales y el nombre. Todos los nombres eran italianos. En la barra tenían un surtido de tapas que tenían buena pinta y decidimos quedarnos a comer. Pedimos pasta fresca que la estaba haciendo en ese momento a la vista del público. Vero con almejas y yo al nero di sepia. De entrante ensalada típica de pulpo y apio y fritti de pesce, que es el otro entrante típico veneciano a base de pececillos y marisquillos fritos. La pasta estaba deliciosa y los entrantes también muy buenos y al final resultó muy bien de precio. Así que esta esta es nuestra recomendación culinaria de este viaje: se llama Paradiso Perduto
Después de comer dimos un último paseo, tomamos un último caffé latte, cogímos un penúltimo vaporetto y, por casualidades de la vida, terminamos pasando por delante de la terraza donde el primer día tomamos nuestro primer Spritz. Como homenaje y bonito colofón y aprovechando que ya casi era la hora del aperitivo de la tarde nos sentamos en la terraza y pedimos un último. El solete calentaba mínimamente.
De vuelta al hotel a recoger las maletas y, al igual que entramos en bote-taxi en Venecia como ricos, nos despedimos como pobres: tirando de la maleta por las calles, cogimos un vaporetto hasta el norte de la isla y allí un bus urbano hasta el aeropuerto. Tuvimos que ir una hora antes de lo necesario porque nos expiraba el bono de 36 horas. Así que descansando nuestras piernecitas en los cómodos asientos de la terminal, nos comimos los bocadillos de prosciutto sisados del bufette del desayuno.
Bicos

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