Hola a todos de nuevo!!
Está ya un poco desfasada, la crónica, pero me apetece para mi, sobretodo, porqué así queda algo de lo que vimos y vivimos, que si no luego parece que no estuvimos.
Creta, qué podemos decir de ella?
Pues que llegas y huele a campo. Es lo primero que recuerdo. Está seca cómo una mojama, pero las hierbas que le crecen en los lomos de las montañas cual pelusillas de bebé huelen de maravilla. Será la mezcla de sal y sol, a saber.
Luego el color azul paraiso del mar, que no sé porqué es de otro azul, pero lo és. Más intenso, más... más.
Nuestra primera parada era en un hotelito en medio de ... bueno, de la nada... en una localidad llamada Pigi (y que no conocían ni los oriundos de allí, pues el chico que nos acompañó a recoger el coche, que luego sería moto, no había oído hablar del lugar a pesar de que tenían una agencia a unos minutos!!).
Pues fué una suerte caer aquí: el hotel resultó delicioso, y el pueblito tenía un bar en el que ponían música griega a tope cómo si celebraran el dia nacional de Pigi, y comida más riquísima.
La dueña del hotel nos aconsejó muy bien tanto sobre dónde comer, cómo sobre a qué playas ir, pues ésta parte norte de la isla en la que nos encontrábamos tiene playas grandes muy turísticas, llenas de complejos de aparta-hotel, y ésto siempre resta encanto. Así que nos aconsejó un par calitas dónde descansar nuestros huesos y allí fuimos.
Desde aquí tuvimos oportunidad de visitar Rethymno, o cómo se escriba, que se escribe de mil maneras, cada uno cómo le place, pues con el alfabeto griego no se puede.
Es un pueblo costero, con un fuerte bizantino, si no recuerdo mal, o veneciano... buf, es que hacía mucho calor, y yo con el calor no retengo datos, sólo líquidos... Muy bonito, en fin, con un centro histórico lleno de bares y tiendas para que el turista se vuelva turuleta y ya está. Pero vale la pena ir.
Segunda parada: una casa en la montaña.
Cuándo decidimos reservar en ésta casa, realmente no sabíamos lo lejos que quedaba de todo. En principio la cogimos porqué era muy bonita y barata, y parecía, en el mapa, estar cerca de Hania, segunda ciudad en importancia en Creta y según la guía, llena de encanto.
Bueno, el paseo en moto era imporante, pues cómo iba contando antes, aunque las distancias en el mapa parecen cortas, las carreteras de cabras llenas de piedras y curvas (pues esta zona es muy montañosa), hacen que cualquier distancia sea una travesía.
Llegamos por fin a Hania a eso de las 13h del mediodía. Os podéis imaginar, no? CALOR. Calor infernal, y gente, y tiendas, y más calor... Andamos lo justo para llegar a un restaurante y sentarnos a beber y comer y a esperar que se diera el milagro del frío repentino.
No pasó, claro está, y por si fuera poco a Iago le dió un jamacuco y le vino fiebre. Buscamos un ibuprofeno en una apotek y Iago, muy amable, pobret, quiso descansar sus huesos en una playa cercana y allí fuimos.
Las playas de Creta, aunque no son espectaculares, te cautivan. Son limpias, con ese azul turquesa del que os hablaba antes, se ven pececitos, y está fresquita... Creo que podría acostumbrarme a vivir ahí, pescando arriba y abajo y comiendo feta.
Pues cómo iba diciendo, Hania parece bonita, pero no la vimos.
Al dia siguiente anduvimos por el pueblo cerca de la casa comiendo en el restaurante de Gyorgos, amigo de la infancia de Sofia, la dueña de la casa.
Riquísimo cordero (puede que el mejor, y mira que todos estában de muerte), riquísimas patatas de la huerta, riquísima ensalada cretense con queso de cabra del cabrero del pueblo. Madre! Así hemos vuelto los dos de tonelitos!!
Muy majo Gyorgos, con su inglés macarronico, alabando su aceite y sus naranjas por encima de las españolas... qué entrañable.
En la casa también estuvimos de maravilla. La pareja dueña son así de nuestra edad, sin hijos, con dos perros viejos, uno sordo y el otro ciego, él, ingeniero naval en la Marina, y ella arquitecta en paro. Ja! Arquitecta en Grecia en el 2012! Pues vaya profesión de futuro eligió!
Y es que, me olvidé antes, otra cosa que me llamó la atención al llegar es la cantidad de obras paradas y ya muy deterioradas que hay. Supongo que en España lo veremos también, el abandono y seguido, el deterioro.
Pues al caso, nos agasajaron desde el primer dia, desde con café capuccino freddo, o cómo se llamara, el que os preparó Iago, con hielo, canela... rico, verdad? A vino casero, raki (el orujo de Creta), pastel de chocolate, tomates de su huerta... Y conversación interesante y agradable, que también nos gusta, oye, no solo comer.
Tanto fué así que les dijimos que les haríamos un plato típico español la última noche, y ellos también habían pensado en cocinarnos platos suyos típicos, y así hicimos. Un cena entre amigos.
En la foto se ve claro, no? Pues tú, nos salió de muerte!! Sabes cuándo te sale que te sales? Pues así.
Claro, fliparon.
De allí nos fuimos para el sur hacia Elafonisis. Ésto es una isla en la punta suroeste de playas preciosas de arena rosa por el coral. De verdad que es espectacular. Lo que pasa que tuvimos una mala suerte del copón y es que resulta que habitualemente tienen días de mucho viento, y ésto no te lo dice ninguna guia, pero cuándo hace viento, pues no se puede estar.
Llegamos a la hora de comer al hotel que teníamos reservado, que también nos decepcionó un poco, aunque creo que estábamos condicionados por el viento.
Comimos y nos fuimos para la playa. Nos metimos en el agua y con el tubo y las gafas y todo el cuerpo dentro del agua se estaba bien (notabas las ráfagas en la coronilla). Pero salías para secarte en la tumbona y leer un rato y se te quedaba la cara cortada por la arena.
Aguantamos como cualquier turista, y nos fuimos ya tarde con la esperanza de que al dia siguiente hiciera mejor tiempo.
Pero no. Amaneció igual o peor, y optamos por ir a una playa "virgen", sin accesos, con pinos y rocas de la que nos habían hablado Teo y Sofia.
Ya digo, la playa era para quedarse ahí de náufraga, pero los azotes de la arena nos hicieron replantearnos el plan y volvimos al hotel decididos a marcharnos ya, hacia el este, a pesar de tener reservado y medio pagadas tres noches, sobretodo porqué en Elafonisis no había nada más que hacer que pasar el dia en la playa. No bares, no tiendas, no nada...
Ahí que salimos hacia Paleochora. Madremia, qué carreteras! Si para llegar a Elafonisis ya nos las vimos y deseamos (sobretodo Iago, pero que ir de paquete también tiene su qué), cruzar las gargantas que hay entre un punto y otro fué... indescripitible, No nos lo podíamos creer. Fué sin duda el camino más duro que hemos hecho Iago y yo en moto en 10 años. Cabras, cabras y ovejas invadiendo la carretera en cada curva. Curvas como escuadras, se doblaba la carretera entero, y encima o cuesta arriba, o cuesta abajo, y con piedras y cabras, ya digo. No se veía ni un coche, eso por lo menos, pero además con ráfagas de aire que te empujaban... Yo creo que en el Dakar no lo tienen tan duro, fíjate...
Pero por fin llegamos a Paleochora. Nuestra suerte con el viento no cambió, pero al menos ésto era un pueblo con casas, bares y tiendas y gente por la calle.
Se nos ofrecieron para dormiru unas señoras muy majas, y ahí que nos fuimos con ellas. Resultaron encantadores.
Paleochora es probablemente el sitio más interesante en el que estuvimos. Es básicamente de turismo interno, y hay hasta cine, y tiendas de electrodomésticos, y algo así como pastelerias, cosa rara, no tienen carta de postres en los restaurantes, y te obsequian con sandia fresca y raki.
Pues aquí había mucha vida, y tiene dos playas, es una penínsulita, y una es de arena y la otra de piedras, y en ésta disfrutamos un par de días de playa con viento, pero sin azotes.Guay, muy bien.
De ahí salimos hacia Plakias animados por la guia y por algún griego que nos dijo que tenía playas preciosas.
Pues tampoco, la verdad. Sí que eran bonitas, eh, pero no más que las que habíamos visto ya, todo sea dicho. Y Plakias como pueblo era un aburrimiento.
Pero ah, es lo que tiene viajar un poco a la aventura y en ruta.
Ya acabamos con un poco de cultura, que no se diga que vamos a Grecia y volvemos gordos y sin ver ni una ruina, y ya en la capital, Heraklion, fuimos a ver el Palacio de Knoso (interesante, pero qué caló!) y el Museo Arqueológico de Creta. Bua, vaya pedazo de museo que tienen ahí! Pa verlo! Menudo edificio! Entrábamos ahí pensando que albergarían allí media Grecia y... el museo no pasa de una sala pequeña con piezas, eso sí, preciosas, en muy buen estado, y muy interesantes de la etapa monica (2600 hasta 1100 a.c., es decir, 1500 años, que no son pocos), pero que se vé, aún leyendo todas las notas, en una hora escasa.
Aún así, es muy recomendable.
Pasamos el dia vagando por Heraklion, haciendo compritas estúpidas y dormitando en bancos, pues teníamos que hacer tiempo porqué no pillamos hotel e íbamos a dormir unas pocas horas en el coche en el aeropuerto, pues salíamos muy temprano hacia BCN.
Fué duro, pues habíamos madrugado para devolver la moto y que nos diera tiempo de ver Knoso y no sé porqué más, y hacía calor, claro, y no teníamos más hambre, ya, ya nos habíamos comido todo el cordero y todo el queso feta de Creta, y después de 11 días de estar en posición horizontal la mayor parte del tiempo, estar vertical era incómodo...
Pero en conclusión puedo decir que Creta vale la pena como sitio curioso y al que ir a descansar y ya está. Quién vaya buscando paisajes espectaculares, templos majestuosos, o cañones de infarto, pues no, no es su isla.
Pero si buscas pasar un veranito de descanso, en playas y pueblitos no muy abarrotados de turistas, a buen precio todo, con gente amable y acojedora... pues Creta ofrece ésto.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Abur!!










4 comentarios:
Todo muy bien narrado, la verdad es que sois muy orginales y da cierta envidia ese tipo de viajar. Me alegro de que lo hayais pasado bien.
Bonita historia; deberíamos de hacerlo siempre al regresar de un viaje, con todo fresco y así animar/desanimar al resto a hacer lo mismo.
Casi que me quedo con las ganas de ir...
Pues nada, nada, a viajar se ha dicho!! Que si no, no hay nada que escribir en el blog!
David, por cierto, no íbais de viaje éste septiembre?
Qué bien contado! Muy interesante y muy bonitas las fotos. Qué pena que ya no hagamos entradas largas en el blog, tampoco debería ser incompatible con el WhatsApp, FB y demás.
La aventura de la moto de la moto en plan Dakar pone los pelos de punta, yo creo que pararía y me pondría a llorar, je je. Y lo del calor, como aquí aún estamos en verano me lo imagino bien, qué pesadilla. Me ha entrado el hambre al leer lo dela comida y ver la foto, y eso que no son ni las 11 de la mañana!
Me llama la atención lo de los postres, o la falta de ellos, que la sandía está muy buena, oiga, pero NO se considera postre ;-)Además parece imposible que haya un sitio en el mundo en el que no te ofrezcan, al menos, tiramisú ¿no? Es entrañable.
Me alegro mucho de que le viaje haya sido un éxito. Ahora que Sailor haga una entrada con el viaje a Portugal.
Saúde!
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