Pestañas

22 enero 2008

Cuento

Se levanta con esfuerzo cuando el día lleva estrenado unas horas ya, una suerte poder evitar el momento de mojar la magdalena en el café a la luz de la bombilla. Sube la persiana y los cristales empañados avisan del frío, estupendo. El viento fresco parece mantener su mente alerta, siente un hormigueo bajo la piel. Ya en la calle estira el cuello y respira profundamente, coño, que ganas de estornudar, se agarra a un banco y entierra la boca en un pañuelo ¡Chísssss! Ay, qué bien sienta.

Así, con pasitos pequeños, le lleva un buen rato atravesar las dos calles hasta llegar al jardincillo, no es gran cosa, ya sólo queda una roca al pie de dos árboles entrelazados y cada vez más oscuros. Aún así le hace gracias su forma redonda, como un islote, y la soledad, porque nadie más se sienta allí desde que su cuñado acabó en el hospital tras el atropello. Le parece que ya hace mucho tiempo que pasó, pero es difícil de decir, siente que los días se estiran o se encogen sin que pueda hacer nada por evitarlo o, al menos, preverlo.

Lo que sí recuerda bien es cuando el jardincillo podía presumir de serlo, con árboles que abrigaban los bancos, las papeleras, el parque de los niños y los caminitos de tierra. Allí se juntaban los vecinos y pasaban el rato. Después despareció tras las vallas de colores durante meses, casi como un regalo listo para ser abierto.

Cuando lo abrieron los del Ayuntamiento había cambiado muchísimo. Dijeron que se habían llevado el jardín al otro lado de la avenida; recuerda lo raro que le pareció entonces, vale que se llevasen los bancos, pero ¿los árboles? Pues al parecer también, pero aún no ha podido comprobarlo porque le queda demasiado lejos. Así con su cuñado que vivía enfrente se acostumbraron a seguir yendo al jardincillo, a compartir la roca, aunque solían llevar una mantita para que estar más cómodos, y lo estaban, lo pasaban bien.

Empieza a sentir hambre y decide volver a casa, se para al borde del jardincillo mientras los coches pasan y pasan en círculos, qué rápido van, piensa, y ¿por qué no habrán puesto semáforo?

11 comentarios:

Sailor dijo...

Vaya, vaya... ¿Es de cosecha propia? Está bien recreada la situación, parece la historia de un abuelete. ¿La continuación?

Hoy es festivo nacional en Alcobendas city. Por tanto, no voy a trabajar; por tanto también, Cris no va a trabajar porque ambos pertenecemos laboralmente al mismo término municipal. Quizá nos acerquemos a Valdemorillo (está a tomar por saco) para ver si sacamos adelante el asunto de las invitaciones, que va camino de tocarnos los webs más de lo deseado...

¡Bicos!

Josi dijo...

Es propio, sí. Lo que hace el aburrimiento y la poca vergüenza.

Hablaba hoy con el EMM y coincidíamos en que quizá Sailor pudiese hacer una entrada arrojando algo de luz sobre la crisis en la Bolsa y las consecuencias a corto y largo plazo en la economía doméstica y, por qué no, en la nacional, perdón, nacional.

Salud!

Supernova dijo...

El "abuelete" vivía en Las Fontetas, no? Es el barrio donde tienen (tenían!) mis padres la tienda, en Cerdanyola.
Había un parque chulísimo lleno de árboles que daban una sombra genial a coches, paseantes, y al mercadillo de los viernes... Pero "los verdes", la nueva fuerza que se hizo con el Ajuntamiento hace 4 años, creo, los quitó! Quitó los árboles!
Y si dices "bueno, plantó otros"... pero no! Dejó unos cuantos y llenó el resto con cemento...
Ay, no sé... el mundo es tan incoherente, verdad?

Oye... y cómo sigue la no-historia de éste señor? (es hombre, no?)

Yo podría decir que sé contar cosas, más o menos, vaya, tampoco nada a destacar... pero inventar, eso sí que no sé.
Bueno, de pequeña escribí un "libro" de aventuras, a mano, jeje, un manuscrito, jajajjaa, y es que, si me apuras, diré que vale, que también sé inventar... Pero imposible acabar, verdad? No lo acabé, mi libro, por supuesto. Ni tenía título...
Y es que los finales son tan difíciles... A mi siempre me decepcionan, en realidad, pero es porque me jode que se acabe, no porque no acabe bien, no es por el argumento...
Es porque acabar algo y que digas "bien. Se acabó. Buen final", y que no te quedes con las ganas de "y luego qué?", pues tiene que ser porque te haya aburrido, el libro, no?

En fin, desde aquí te animo a que sigas con la historieta ésta, a ver dónde nos lleva. Y si no la acabas, pues bien!

muas

Anónimo dijo...

Pues yo al puro estilo Vivancos III reclamo un principio más que un desenlace. En fin, el abuelete casca, ya lo sabemos, pero lo del semáforo y el cuñaaaaooo también es un filón

Podrías hacer capitulos negativos. Este es el 1, luego vendría el 0, después el -1, -2 etc etc etc

Buena entrada: un 9,5

Bicos

Josi dijo...

Interesante, gracias por vuestra retroalimentación y generosas aportaciones. Lo bonito es que yo había visto al narrador como una abueliña, pero ya veo que ha caido más bien hacia el sexo masculino. Me parecia tierna la día de la viejecilla sentada en una rotonda con al mantita.

Además, propongo que cuando estemos vagos de opinión o con poco de contar continuemos la historia, bueno, u otra distinta.

Para empezar, Supernova podría hacer el siguiente capítulo y El Masajista Motorista el anterior. A Sailor lo veo liado.

Y si alguien más se anima, pues mejor.

Paz y palabras

Cheliñas dijo...

Jo! me parece genial. Además, al no decir esplícitamente quien es el narrador/a, hace pensar y recrearse en el escenario tan bien perfilado.
Tendría menos calidad si no dejara esa libertad al lector/a de seguir dibujando la historia.
Yo no me preocupé en absoluto de quien narra sino lo que narra y deja entrever. Claramente sentí que transmitía una soledad nostálgica que llena con sus recuerdos del pasado.
A todos os pareció un abuelete/a...¿por qué?
Ese levantarse con dificultad y recorrer la calle con pequeños pasos me sugirió la desgana de la persona sin ilusión por vivir. Incluso el mal día le transmite satisfacción.
Yo creo que merece que lo envíes a un concurso de relatos breves. Está muy logrado.
Me gustaría que todos nos animásemos a escribir alguna vez algún relato, con o sin argumento. Serviría para, por ejemplo, ponerlos en el calendario del año próximo, o para elaborar un pequeño librillo. Incluso podríamos ilustrarlo.
Yo encontré por casa el otro día uno que escribí muy escatológico que hablaba de cacas y piojos. Me reí un montón. Claro que como a mí esas cosas me matan de risa...a lo mejor a otros les deja impasibles.
Bueno, ya me direis qué os parece la idea.
Bicos y felicitación a la escritora.
Ah! si todos recordais el cuento de las cacas y piojos pues nada. Si no lo conoceis pues lo coloco por aquí.
Bicos

Sailor dijo...

Yo no recuerdo ese cuento...

Josi dijo...

Yo tampoco!

Anónimo dijo...

yo tan-puerco

Anónimo dijo...

¿es el de los mierda-huetes?

Anónimo dijo...

bienvenida denuevo al blog.....por cierto