Pestañas

21 enero 2011

Nova Iorque

[N. del B.: Esta entrada la empecé a escribir en Septiembre y se quedó en borrador. La publico totalmente incompleta: tal y como la dejé. El objetivo es que los dos exiliados que también estuvieron allí, continúen en los comentarios contando lo que les parezca oportuno]


------ o ------


Leía en algún blog hace poco que un profesor le preguntaba a sus alumnos de 4 años qué habían hecho o dónde habían estado en vacaciones. Uno de ellos le contó que había estado en un hotel con piscina que ¡¡¡tenía al lado un supermercado!!!, decía el niño entusiasmado. Los padres de esa criatura le contaban unos días más tarde al profesor-bloguero que se esforzaban por darle a su hijo una educación cultural rica, así que se lo habían llevado a Nueva York.

Esto no viene a cuento, pero mi hizo gracia, que para el niño, NYC es un hotel con piscina y un supermercado.

NYC: piscina y supermercado

Pues ha pasado ya  medio mes año de nuestro regreso de la capital del mundo y no sabría por donde empezar a contar. Quizá por el tópico que le cuento a todo el mundo: es una ciudad impactante; no es la más bonita que haya visto, pero merece mucho la pena ir/estar; sobre todo quien sepa valorar la vida en una gran ciudad. A aquellos que han nacido o crecido en Melide o Chantada y prefieren viajes de aventura en Nepal o Kenia o viajes de relax a las Barbados, me imagino que les puede dejar indiferente, claro, pero si no, tiene cosas que impresionan.


EL PASEO
Tengo grabado el primer paseo matutino por la quinta avenida a la altura de Midtown (donde los arrascacielos) Todas esas moles de 40-50-60 plantas apiñadas unas al lado de otras...... no vale haberlo visto en cienes de películas, hay que estar ahí abajo y hay que doblar el pescuezo. Como tantas otras cosas: hay que vivirlo.



EL LUGAR
Me quedaría una semana en el museo de historia natural. Por necesidades de guión estuvimos a puntito de perdérnoslo, pero finalmente lo pudimos encajar y fue un acierto. Solamente las salas dedicadas a fauna extinta ya valen el precio de la entrada y las colas para conseguirla. Pero es que luego las 4 plantas del museo son 95% imperdibles. Aunque lo tuvimos que ver en apenas 2 horas y a la velocidad del rayo, aun pudimos hacer algunos amigos:



EL PUNTAZO
Esa peacho de bajada a la ciudad desde el aeropuerto ¡¡en Limusina!! De alguna manera se lo montan estos yanquis que, pese a lo que parezca desde la lejanía, en ningún se siente uno hortera.



GASTRONOMÍA LOCAL
Si el rebaño que pastoreaba hubiera sido menos voraz y más obediente, yo destacaría el picnic en el Central Park. La realidad fue que cuando yo me senté en el césped a disfrutar de mi fabuloso Hot-Dog era casi el único al que le quedaba algo de comida entre las manos. El resto se lo acabaron por el camino.

Para muchos, esto es un "take away", para mi rebaño es solo un "take"


LAS RISAS
[Esto ya os lo hemos contado, pero va otra vez] Llevábamos más de una hora en las colas del Empire State. El día había sido muy largo. Serían ya más de las 8. Conseguimos finalmente entrar en un ascensor que nos subió hasta la planta 80. El mirador está en la planta 86, así que hay oooootra cola para coger el ascensor que nos llevará hasta arriba. En esto que un negrazo empieza a vociferar en un inglés incomprensible, abre una puerta y una horda de turistas se lanzan hacia la puerta: caos, gritos. Cheliñas lívida.

Finalmente nos enteramos: si esperábamos el ascensor, teníamos una cola de 20 minutos pero que si queríamos atajar, podíamos ir por esa puerta, que daba a unas escaleras metálicas que llegaban hasta el mirador. Yo habría subido andando, pero a Cheliñas le pareció que aquello era una cueva estrecha y agobiante llena de gente y sin ventilación  ni salidas. Es decir, el averno hecho escalera. Decidimos aguantar la oooootra cola. En estas que salta Emilio y dice, con ese acento suyo tan compostelano: "di que sí, Maria José, que por lo menos el ascensor está bien agarrado por un cable".



EL MOMENTO
La media hora que pasamos en lo alto del Empire State Building. Todo queda taaaannnnn abajo. Y todo está tan silencioso. Y la ciudad se ve taaaann grande. Y se tarda taaaaanto en subir. Nos cansamos de hacer fotos, pero como era de noche, ninguna salió bien. No es una pena, porque creo que todos lo recordaremos igualmente.



Bicos


6 comentarios:

Anónimo dijo...

La pestaña "Calendario" ya está activa. Echadle un vistazo y me decís.

Josi dijo...

Qué buena crónica! Me he quedado con ganas de más, a ver si entre tú, Cheliñas y Supernova tenemos más capítulos.

ME he dado cuenta de que yo también tengo piscina y un supermercado al lado, no es un hotel pero sí recibimos visitas, estoy más cerca de NY de lo que pensaba!

Sailor dijo...

Qué entrada más bonita, pensé que la había escrito Chelas, jejeje...

Sailor dijo...

No he sido capaz de meter cosas en el calendario :-(

Anónimo dijo...

te acabo de enviar una invitación, a ver si así....

He visto que has creado tu propio calendario, no se si voluntariamente o por error.

Cheliñas dijo...

Jeje...es muy curioso que una misma situación despierte sensaciones tan variadas.
Recuerdo, igual que Iago, la sensación de verme por primera vez por las calles de la city ,teniendo que torcer el cuello continuamente para ver las moles de rascacielos. Igual que él pensé que no vale con verlo en las pelis y en la tv, hay que estar allí porque la sensación de proporción, bullicio, luces y ajetreo urbano hay que vivirlo allí.
Hay imágenes que tengo grabadas con mucha fuerza:
La entrada en la ciudad, desde el aeropuerto, fue por autopistas normales, diría que casi peores que las nuestras, pero la entrada luego en la urbe es de infarto. Empezaba a anochecer y los edificios lucían un brillante color acero que los hacía más impresionantes. Yo intentaba, desde la ventanilla de la limusine, alcanzar a ver el último piso de cada edificio y no siempre lo conseguía.
Lloviznaba.
Ese momento me pareció mágico.
No me impresionó, en cambio, el museo de Iago. Bueno, realmente lo vi mos, Emilio y yo, en cinco minutos, lo que se tarda en ir desde la entrada hasta el servicio. Aún así vimos los enormes dinosaurios que desde luego causan impacto. Lo que pasa es que a mí la Historia Natural me tira menos que otros museos.
Lo que cuenta Iago del Empire State está ya muy comentado. Nunca olvidaré el pánico que sentimos en ese minuto de incertidumbre. Pero todo se olvida cuando se alcanza el último piso y se ve la majestuosidad de New York envuelta en la oscuridad y el silencio de la noche.
Caminar, pasear New York, es un déjà vu constante. En cualquier calle, parque o edificio te parece estar viendo una película.
Es impresionante el pasear por la noche por las avenidas de los rascacielos. Hay que parar a cada poco para ver el efecto de verse entre esas moles.
Pero New York no es solo rascacielos porque zonas como la parte sur, el puente de Bruklin, el Village, Central Park, (jeje…a mí no me pareció gran cosa el bocata que tomamos allí, en cambio el churrasquito del Wilis…pá morir de riquísimo, aunque a Iago le da la risa si digo que estaba de muerte).
Quedan muchas vivencias estupendas que se disfruta recordando y comentando pero corto porque si no esta crónica se alarga demasiado.