Ayer sábado, por tercera vez en... dos o tres años, nos fuimos a la Sierra Norte (Rascafría), a darnos una vueltita a lomos de un caballo. Es la 4ª o 5ª vez que montamos y, aunque ya tenemos bajas (no por caídas sino por miedos que mezclan lo racional con lo irracional), nos fuimos otra vez más a hacer una ruta.
El picadero es éste. Está un poco lejos, a unos 70-80 kilómetros, de ahí que lo tomemos como una excursión para algo más que una ruta de una hora a caballo.
Por la zona está el Monasterior del Paular, el prueblo de Rascafría, un embalse, etc, que hacen que la excursión sea agradable.
Allí monté a los siguientes caballos: Tarzán, Pinturero y, desde ayer, Lebrijano, destacando éste entre todos por lo obediente y dispuesto que era. Para un inexperto, ver cómo un animalote como ese obedece a las cuatro órdenes que le puedo llegar a dar (frena, anda, acelera, gira), es una gozada.
Eso sí, por primera vez tengo el cuerpo perjudicado de agujetas diversas: ir saltando sobre la silla cuando vamos al trote destroza las partes obvias y las menos obvias. Hoy tengo la espalda con agujetas a lo largo y ancho de la misma.
Es, en definitiva, un pasatiempo entretenido y recomendable: ahora bien, como con las motos, cada persona que diga algo bueno, vendrá otra a contar una historia truculenta... Pero bueno, la vida misma: estos caballos son mansos y llevan años llevando a gente de paseo sobre ellos. Siempre se pueden volver locos, pero también le puede ocurrir al conductor del metro y empotrarnos contra el de delante...
Lamento no poder aportar fotos, no llevamos la cámra.
¡Bicos!
4 comentarios:
Ay, qué bonito eso de montar a caballo por la sierra, suena evocador. Una pena no ver alguna fotillo, pero bueno, imaginarlo tiene su encanto también. Yo tengo la sospecha de que por mucho interés que le ponga, cuando tenga un caballo delante me va a dar miedo subirme, no sé, ya se verá... o no.
A mi es que los caballos no me hacen puto caso. Carezco totalmente de autoridad para ellos. Así que, tras un par de intentos, Vero ya me ha dado por perdido e irá con su hermana en vez de conmigo. Y yo tan contento. Caballos sí, pero de lejos o con los pies en el suelo
Chulísimo!
Yo sí monté en una ocasión, por la Sierra de Meira, onde mismito nace el río. La experiencia hay que pasarla porque contada no refleja la sensación de altura y poderío. Bueno, y de canguelo cuando de paso normal pasa al trote.
¡Que envidia! Ha sido uno de mis sueños y no llegué a realizarlo y eso que salí con una amazona pero ella se iba y a mí me dejaba en espera. en fin tal vez en otra vida y que pueda salir más atrevido.
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