Pestañas

13 septiembre 2011

Camboya y Vietnam Vol I

Hola, hola, hola!!

Tengo tan abandonado el hábito de escribir en el blog que ya no sé si sabré hacerlo.

Ahora que parece que los clientes me dan un respiro, intentaré hacer un resumen. Es tarea difí­cil, no os vayáis a pensar, porque hay tantas cosas que contar de éstos paises... Voy a ver:

Empezamos el viaje en Siem Riap, Camboya. Un shock. Caos, suciedad, gente descalza y sucia, calor, olores (algunos nauseabundos, como el de la fruta durian. Puaj! Cómo se pueden comer eso?? Huele a vomitona!!). No hay aceras, todo parece a punto de demoronarse, como si hubiera pasado un huracán... niños, muchos niños... y tuk-tuks.
La experiencia con el tuk-tuk es de lo mejor del viaje. Lo echamos tanto de menos, en Hanoi! (Solo los había en Camboya).
No echamos de menos, pero, el incansable "tuk-tuk, sir?" de los camboyanos que te asaltan a cada paso (no estoy exagerando. Había camisetas con las frases "no necesito tuk-tuk!!!").
También es agotador cómo te persiguen por la tienda para que compres. Madre mí­a... no compramos nada, de hecho! Solo para no sufrir el acoso!

Angkor, en cambio, es un paraíso. Te asaltaban igual los niños para suplicar que les compraras, pero solo durante el tramo que hay desde el tuk-tuk hasta el templo a visitar. Y ahí ya estás cómo en otro mundo.

Los romanos fueron la pera, de eso no hay duda; lo mismo los egipcios. Pero yo es la primera vez que contemplo la grandiosidad de un imperio.
Imaginar lo que debió ser aquel lugar en su esplendor me tiene imimismada. Ojalá existiera de verdad una máquina del tiempo y pudiera verlo!!
El que viajara de Europa en el S.IX y viera un sitio como ese, en medio de esa selva, con esos árboles gigantes, los monos, los elefantes, los tocados que llevaban... y esa ciudad... debía flipar tanto como si viera otra galaxia.
Todas las piedras esculpidas con letras, dibujos... te quedas tonto!

Todos los templos fueron constuidos para dar la sensación de armoní­a y equilibrio (pues se trataba de templos religiosos), y hacerte parecer que estás en el infinito, con pasillos eternos con puertas que dan la impresión de ser espejos... Es muy raro, porque miras a la otra puerta y esperas verte, pero no... solo hay más puertas!
Las escaleras al cielo que te empujan a subirlas aunque ves que son gigantes... los espacios vací­os... Te vuelves místico por narices, en ese sitio, palabrita!

Y mi impresión es que deber ser como en Machu-Pichu, que el lugar elegido para hacer semejante obra es clave. Pero... eso ya no se puede explicar, lo siento, tendréis que ir.

Después de ver Angkor contratamos la salida del paí­s por el rí­o Mekong. Hubo que hacer varios km en furgoneta hasta llegar a la frontera (que da la risa, porque viene siendo una choza con un agente tumbado en una hamaca y un palo por barrera! Además de que para llegar hasta ahí­, ya digo, un montón de rato en jeep por caminos de bueyes, y en una de éstas va el conductor y gira por medio casi de un barranco -que digo yo cómo se acordaba el hombre que tenía que girar justo en ese cocotero??- y después de cruzar otro tanto de caminos tortuosos, va y llegamos a la choza esa... Es de coña!! Cómo quieren que la gente cruce de manera reglamentaria?! En fin...misterios del budismo...).

Luego de sobornar debidamente al agente con caramelos de eucalipto, nos llevaron en barco con motor con ruido de helicóptero y olor a gasolina hasta Vietnam.
Interesante, el Mekong. Ni bonito ni feo. Algunas casas de esas flotantes daban alegría y otras mucha pena. Hace calor, humedad... Hay mosquitos, ratas y serpientes.Y piensas en que la vida tampoco deber ser fácil ahí­... También te preguntas cómo aguantaron los americanos 25 años en ese sitio. Vencer a un vietnaminta en ese terreno era ciertamente tarea imposible. Idiots!

Después nos despedimos de nuestros nuevos y efí­meros amigos neozelandeses y nos metimos en un bus infernal, que andaba dándole a una bocina todo el rato (como conducen como locos...) rumbo a Can Thó, la segunda ciudad en importancia del sur después de Saigon.

El tio de la agencia nos dijo que era un sitio bonito de ver, más bonito de ver que Chau Doc (que no me imagino lo feo que debe ser!), que fué dónde, por error, acabamos reservando hotel. Nada, reserva que perdimos y tuvimos que pagar. 15€. Ya ves...

Can Thó resultó ser feo, feísimo, como casi todos las poblaciones de Vietnam. No tiene nada que ver, salvo un puerto turístico (feo) con señoras feas que te ofrecen llevarte a ver un pueblo flotante feo (ya los habíamos visto por el Mekong y no tienen nada por lo que pagar) en su barco feo.
Todo eso lleno de turistas aburridos y acaloraos.

Así que sin más nos acercamos a la única agencia que vimos y preguntamos por el próximo vuelo a Hanoi. Nos dicen que ese día ya no hay más, y que para el siguiente, domingo, vale muy caro. Depués de comprobar que realmente era caro, decidimos pasar otro día más en Can Thó.
De casulidad veo que ofrecen excursiones en bicicleta por un pueblo vecino, y lo contratamos.

Pues mira, Vietnam quiso tratarnos amablemente y resultó, para nuestra sorpresa, una excursión fantástica, con un guía simpático, viendo una aldea que ni en nuestros sueños pensamos que podríamos visitar, por escondida, por geniuna. No está ahí al paso de los turistas. Está ahí porque les gusta estar ahí.

Probamos frutas exóticas y bebimos té, y volvimos a Can Thó para cenar en nuestro ya restaurante favorito La Cá. La noche anterior, perdidos y deseperados, entramos en esta brasería con camareros en patines pensando que nos lanzábamos a la más grande de las aventuras, pues no habíamos visto ni un turista en horas, pero resultó que tenían carta en inglés, y justo nos fueron a sentar al lado de una familia con aspecto de vietnamitas in progress, celebrando el cumpleaños de una única nieta, y el tio de la niña nos saludó en inglés y nos explicó que viajaba una vez al año a Vigo! Coño con la globalización!
Y pasamos una agradable cena entre amigos.

Así pues, después de todo, Can Thó es un destino que nosotros tenemos que sugerir! Imprescindible!

Bueno, publico esto para que no os dé cagalera, que creo que con la cosa de ir escribiendo a ratos, no me doy cuenta del rollaco.

Si acaso Iago puede continuar, o rellenar espacios con fotos, mapas, para hacerlo más tragable.

Besos!!

3 comentarios:

Sailor dijo...

Carallo, menuda crónica.

Creo que ya no necesito hacer vuestro viaje, porque entre las fotos, vídeos y crónicas, ya es terreno conocido.

Mola.

Papichulo dijo...

Bonito relato y muy ameno. Debes de escribir más a menudo para entretener a los jubilados jejeje

Josi dijo...

Muy agradable de leer, me lo iba imaginando todo. Es curioso lo que me puedo imaginar mirando las fotos y la realidad contada por vosotros, co olores y sabores. Me acordaba ahora la foto esa de Iago sorbiendo agua de coco que bien podría ser zumo de cannabis por la cara que pone, je je!