El aeropuerto es novísimo y grande, con una cafeteria y una tienda de souvenirs dónde vendían cocos, joyas y caramelos tipo toffe de durango. Macho, qué pestucio! Me acerqué alegre pensando que mira por dónde probaría el durango ni que fuera en caramelo, pero el olor me tiró de nuevo para atrás. Ni envuelto se disimula! Puaj!
Llegamos a Hanoi por la tarde. Primera impresión: mola. No sabría decir porqué, porque es caótica, bulliciosa, hace el mismo calor insoportable, hay la misma suciedad... pero no sé... es tan joven! Joven por la gente, que es joven, sin más. Miles, millones de jóvenes en moto arriba y abajo, con sus cascos de colores, sus cuerpos delgaditos e infantiles, y ese corretear... le entran a una ganas de subirse a una moto y darle al pito!!

Luego es una ciudad de contrastes total: señoras portando cestas a los hombros llenos de atadillos de hoja de plátano o frutas o ranas, cruzando calles atestadas de scooters y todoterrenos gigantes y nuevos. Tiendas-casa cochambrosas, dónde están las mujeres cocinando en la calle, los niños durmiendo en el suelo, los viejos en cuclillas tomando té, al lado de perfumerías francesas y tiendas Nike igualitas a las de cualquier ciudad occidental.

Dos estampas muy precisas de ese contraste que os digo es, una, los empleados del hotel durmiendo en la recepción sobre un colchón (lo vimos cuándo llegamos de madrugada la noche que salimos con Bernal). Y la otra las motos aparcadas dentro de las tiendas, de la Nike y de una lencería. Dentro, con la tienda abierta, en medio del pasillo... ahí, cómo si nada, al ladito de las braguitas...
Otra de las razones por la que creo me gustó Hanoi es porque parece que está todo por hacer. Me encanta! Si no tuviera nada que hacer aquí, me iba a Hanoi, palabrita, a "hacer las américas" (pero en Vietnam). Porque eso, se vé todo tan cutre, y a la vez tan obvio de arreglar... No sé, igual te plantas ahí y es imposible hacer nada... Pero de entrada le entran a una ganas de emprender!
Lo que no me gustó de Hanoi es lo obvio: es imposible andar, porque no hay acercas, y eso agota. No hay terrazas dónde sentarse a tomar una cerveza para disfrutar del espectáculo. Las tiendas son un rollo, lleno de baratijas y dependientes plastas. La comida parece rica, pero no sabes cómo pedirla así que acabas comiendo arroz y carne frita. Y hay suciedad.Y hace calor.
Al dia siguiente de ver Hanoi y cenar con Bernal y familia en un restaurante indio (sí; paradojas de los viajes improvisados), salimos en tren a Sapa, las montañas.
Los trenes son impresionantes, pues son larguísimos y hay un montón, van por en medio de la ciudad, pasando a un metro de las casas... una pasada!
Los del hotel nos lo organizaron todo, así que el guía nos dejó en la puerta del vagón en clase superior (esto es, con cama blanda).
Esa noche compartimos camarote con un francés y su hija adolescente, los cuales volveríamos a ver a la vuelta del trekking.
De Sapa lees maravillas: que si las terrazas de arroz, que si son los alpes vietnamitas, lo fantástico que es encontrarte con las tribus de las montañas... La verdad que son bonitas, pero no más que las del Pirineo, no nos engañemos.
Lo que sí que impresiona es ver que realmente viven ahí como en la Edad Media: casas dónde se cocina en el suelo a fuego y dónde no hay ni mesa, ni sillas, ni camas... dónde se tienen gallinas, bueyes y cerdos, y huerta... Tremendo!

Luego las lugareñas llevan las ropas típicas aunque algunas con mochilas de la hello kitty y móviles. Más contrastes.
Las llevan sobretodo para impresionarnos a nosotros los turistas, para sacarnos dinero a base de acompañarte todo el camino intentando camelarte con un rudimentario inglés, obligándonos casi a comprarles al final del camino.
Nuestra primera impresión con ellas fué de sorpresa porque estábamos en el hotel dónde íbamos a pasar la segunda noche esperando a que organizaran los grupos con los guias y vimos a una media docena de chavalas de no más de 16 años riendo y charlando entre ellas, que parecían nos esperaban para salir detrás de los turistas. La sorpresa fué que ellas eran las guías!
Luego madres y mujeres más mayores serían las encargadas de acompañarnos montaña arriba y abajo y nos ayudarían a no caer en el barro a cambio de comprarles sus baratijas.

Nuestra guia se llamaba Mai, y resultó encantadora. Aprendió inglés de hablar con los turistas. Sabía también un poco de francés, y quería aprender español. Una delicia de personita, inteligente y educada.
Esa noche dormimos en una especie de casa rural, nosotros, la guia, una pareja recién casada de Canadá, un australiano que viajaba solo, y una pareja de italianos super enamorados que daban rabia hasta a los recién casados.
Nos lo pasamos muy bien, la verdad. Para nosotros fué agotador estar ahí en todas las conversaciones, en todas las coñas, intentar dar réplica... en inglés. Cuándo hablas directamente con una o dos personas, la cosa es sencilla; pero en grupo las conversaciones se solapan y para cuándo has pillao el chiste y se te ocurre la réplica... ya no viene a cuento.

Aún así ya digo, nos lo pasamos muy bien, nos dieron de cenar estupendo, y de beber vino de arroz que no subía por mucho que la guía y la dueña de la casa dijeran que nos pondría "happy".
A la mañana siguiente más andar, así que destrozados físicamente por el duro trekking del dia anterior, decidimos no hacer noche en el hotel de Sapa y volver a Hanoi, pues nos habíamos quedado con ganas de más.
Esa noche Bernal nos invitó a un cumpleaños de una amiga española, con amigos españoles, en un búnker reconvertido en bar, con una terraza muy chula (desde dónde vigilaban los barcos, imagino) en la que pasamos el mayor sofocón del viaje. Diosmio qué calor pasamos!
No corría ni una pizca de aire, y sudando y con la cerveza (tampoco mucha...), pasamos las horas charlando y charlando en español (qué gustito!!) hasta casi el amanecer. No lo sabíamos hasta que llegamos al hotel, pero nos habíamos emborrachado por deshidratación. Palabrita. Que no bebimos tanto!

A la mañana siguiente, bastante perjudicados, salimos para la bahia de Halong, la perla de Vietnam, la guinda del viaje. No defraudó. Es un sitio mágico.
Hasta que no estás subido en el barco y te alejas del puerto no disfrutas del todo, pero a medida que pasa el dia, ver el atardecer como cae en esas aguas (me pongo poética, va), con esas rocas llenas de vegetación, con ruidos de monos y aves y kingkones (porque te viene a la cabeza el King Kong de Peter Jackson inevitablemente)... flipas.
En el barco coincidimos con otra pareja de neozelandeses, poco viajados así que no esforzados en hacerse entender en un inglés más académico, menos neozelandés, vamos... pero amables, con los cuales no nos quedó más remedio que buscar conversación pues debíamos pasar todo el dia siguiente entero con ellos, ya que éramos las únicas dos parejas que habíamos optado a pasar dos noches en el barco.

Fué genial el segundo día, uno porque ya no teníamos resaca, y dos, porque nos llevó el guia con el kayak por unas islas poco transitadas, a ver un pueblito y una fábrica de ostras. A mi aquello me dió un poco de pena, de pensar que nos debían ver como millonarios (a ver, que yo me sentía millonaria, por supuesto... pero no lo somos...) y de ver las vidas tan cortas, cortas de oportunidades, me refiero, tan insignificantes, ahí, en esas islas perdidas de la mano de dios... En fin... eso también me pasa por ignorante, porque a lo mejor son tan o más felices que nosotros, tendrán sus recursos, y otras necesidades...

A todo esto, que me lío... en el barco nos dieron de comer, de cenar, de beber (esto último pagando, no entraba en el pack), y nos dejaron tirarnos al agua desde dónde quisiéramos (los valientes desde el tercer piso; Iago el primero, por supuesto) y pescar calamares.
Lo pasamos muy bien.
Ya la segunda noche coincidimos con una pareja de madrileños con los que nos desfogamos hablando de nuevo en español, con nuestros tacos y nuestras barbaridades bien españolas.
Al día siguiente, vuelta al hotel, última cena en un restaurante vietnamita afrancesado, muy rico, y al dia siguiente vuelta para el mundo real.
Cómo duele, verdad, volver de un viaje? Sabes que no se va a repetir... es triste... Pero luego siempre queda recordarlo, ver las fotos, y torturar al mundo con tus batallitas!! jejeje!

Os he aburrido mucho?
3 comentarios:
De aburrido nada, ha sido muy entretenido y muy bien narrado.
Lo bueno del viaje es que os quedan muchos recuerdos en forma de fotos o videos y, si algún día tenéis nietos, pues las batallitas que les contaréis exagerando lo que sea preciso.
Nadita, al contrario, muy entretenido. Estupendo que lo hayáis pasado tan bien. ¿Te acuerdas que nos habías comentado que hablando, creo, con una señora le pareció que 15 días era muy poco? Pues ya ves que da para mucho. Yo encantada de compartirlo.
Por cierto, al cativo le queda de coña el trajecito de vietnamita,está guapísimo, pero desafortunadamente las fotos no valen para nada. Se lo pondremos otro día a ver si hay alguna que merezca la pena enviar.
Saúde!
Qué pasada, creo que nos recordaría los pormenores de mis viajes de ese modo. Quizá sea una forma de invitarme a llevar un diario la siguiente vez.
Después de esto, ya no necesito ir a Vietnam, jejeje...
Publicar un comentario