Luis y Maria habían decidido ir a pasar el día a Muros. A media mañana salieron en su flamante automóvil y emprendieron el camino con la ilusión de una buena y calurosa jornada.
En el maletero todo lo relacionado con la playa, sombrilla, papaventos, sillas, bolsa con toallas, bañadores, nevera con bebidas y por supuesto, bocatas de tortilla.
Pasaron por Carballo y se desviaron hacia Santa Comba. Rodaron por As Brañas, As Maroñas y se pararon en Pino de Val. Había un local, antigua casa de Peones Camineros, reconvertida en café de aldea. Allí pidieron unos cafés de "pota" y unos cacahuetes. Luego de estar un rato hablando con los paisanos, emprendieron el viaje.
Llegaron al mirador desde el que avistaron Finisterre, los montes escarpados de Carnota, y Muros.
El día estaba despejado y caluroso y Luis y María estuvieron extasiados contemplando la preciosa panoramica. Al estar solos aprovecharon para hacer el amor, bueno solos, les acompañaban una manada de caballos salvajes que miraban sorprendidos al coche que invadía su territorio. Cuando se levantaron para emprender el camino, una niebla les había envuelto, no era muy espesa pero les hizo pensar que, el día de playa, se podría estropear.
Antes de poner el motor en marcha escucharon un ruido sordo "blum, blum", pensaron que serían las aspas de los molinos eólicos y continuaron.
No habían tomado bien la primera curva cuando, por el espejo retrovisor, Luis vió avanzar por la carretera las aspas de un molino rodando por las misma. Sorprendido pensó "se habrán soltado del mástil". Aceleró con la idea de que el aspa, al tomar ellos otra curva, se iría monte abajo. María, cuyo pánico empezaba a hacer presa en ella, se fijó que, de las tres puntas del aspa, dos tenían clavadas lo que parecían ser unas calaveras.
A pesar de las infinitas curvas, el aspa también las tomaba y, claramente, iba a por ellos. Un sudor frío les recorrió, Luis tomaba las curvas cada vez más rápido y más rápido aún las tomaba el aspa molinera.
Por unos segundos interminables se hizo el silencio, luego - el aspa - continuó su recorrido "blum, blum", en la tercera punta llevaba otra cabeza.
4 comentarios:
Caray, el Stephen King coruñés. Es un poco pornográfico porque la pareja hace cochinadas. De hecho, creo que es un castigo divino por haber copulado sin ánimo de procrear.
Las calaveras serían el posible aborto. El señor les vigila, ¡ah, pecadores! Debería de haberles bastado el paisaje, pero tensaron la cuerda y... ¿se puede decir tensar a estas horas?
Fuera bromas, estupendo el cuento.
Espero la segunda parte... u otra entrega de distinta materia.
¡Bicos!
¡Para perder la cabeza!
Se puede pensar que la calavera era de un caballo, que la pareja sobrevivió y por eso lo cuentan.
Muy interesante el cuento, incluyendo esos molinos gigantescos que impresionan y se han hecho parte del paisaje. De camino a Kuruña en coche siempre adelantamos camiones que llevan partes de ellos y nos sorprende el enorme tamaño de las piezas.
Ta bueno
Uffffffffffffff!¡qué fuerte!
Haciendo la digestión las únicas imágenes que me dicta mi profundo sopor digestivo es una cabeza de cerdo asada, o un pernil de porco a la brasa...quizá carne al espeto...
¡¡¡Zassssssssssss!
Voy a comprobar si me falta algo como un brazo, o una pierna...porque la cabeza...la siento...y veo...y escribo...los dedos los tengo ...¡bendito sea Dios!
Caigo de nuevo en este sopor y creo oir de nuevo ¡zassssssssssss!
De aqui a nada podremos publicar un libro de relatos.
¡Qué capacidad creativa!
Qué continúe la fiesta de la literatura
Muy bueno y surrealista
Bicos
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